¿Alguna vez has comprado algo que no necesitabas, sintiendo una enorme satisfacción al hacerlo, para después experimentar culpa, arrepentimiento o preocupación por el dinero gastado?
Te
prometiste que no volvería a ocurrir, pero unos días después apareció otra
oferta irresistible, otro objeto que parecía indispensable o esa necesidad de
darte un gusto porque, después de todo, ¡te lo mereces!
Si te ha
pasado, no significa necesariamente que seas una persona irresponsable con el
dinero. A veces, detrás de las compras compulsivas existen emociones,
necesidades insatisfechas y patrones de comportamiento que merecen ser
comprendidos.
Desde una
mirada sistémica y evolutiva, podemos explorar algunas de esas posibles raíces.
1. Comprar para llenar un vacío emocional
Hay
momentos en los que no necesitamos realmente un objeto. Necesitamos sentirnos
mejor.
Una
discusión, la soledad, el aburrimiento, la frustración o la sensación de que
nadie nos toma en cuenta pueden despertar el deseo de comprar algo.
La compra
produce una emoción agradable y momentánea. Por unos instantes, sentimos
entusiasmo, ilusión o alivio. Sin embargo, cuando esa emoción desaparece, el
malestar original puede seguir ahí.
En los siguientes fragmentos de la temporada 3 episodio 6 de la famosa serie "La Niñera". En inglés: "The Nanny" podemos ver un detonante que conecta con un vacío emocional de Fran Fine que la lleva, sin darse cuenta, a comprar compulsivamente.




